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abril 2016

El talento oculto dentro de las empresas: un capital para aprovechar

Interesante artículo de Silvina Scheiner publicado en La Nación sobre la disociación interna de las organizaciones que por un lado buscan personas innovadoras y flexibles, pero que chocan contra su propia estructura interna y políticas rígidas.

Son las nuevas joyas, muy buscadas por las compañías, que necesitan características como creatividad, tolerancia a la frustración y empuje; descubrir a quienes ya trabajan en la empresa y tienen mucho más para dar es el gran desafío del management actual.

Existen tres tipos de personas en las empresas: las que hacen que las cosas pasen (proactivos), las que ven cómo pasan las cosas (reactivos) y las que no entienden cómo pasaron (pasivos). Las empresas buscan desesperadamente incorporar a las del primer grupo y para encontrarlas entran en una lucha muy desigual con el mercado, porque no pelean contra un número, sino contra una pasión.

Las empresas que buscan personas con perfil emprendedor, probablemente lo que están necesitando sean aquellas características que se les atribuye a los emprendedores: creatividad, garra, flexibilidad, automotivación, etcétera. “Tal vez, la dificultad para encontrarlas está menos en las personas y más en el sistema de relaciones laborales. Las empresas contratan el tiempo de las personas, no su talento, no su compromiso ni su pasión: contratan 8 horas por día 5 días a la semana. El empleado no da a la empresa más que esto: su tiempo. Todo lo demás no está incluido en el contrato“, afirma Tomás Jellinek, director del Centro de Innovación y Desarrollo de Empresas y Organizaciones de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

El paradigma de la imitación en el mundo de los Recursos Humanos – J.M. Saracho

Tengo una debilidad por José María Saracho, un consultor argentino que trabaja y da clases en Chile y autor de este artículo que copié de su blog. Cuando leí su primer libro “Un modelo general de gestión por competencias” me encontré con un autor que no sólo se animó a desafiar los modelos imperantes, sino que además propone un modelo propio conceptualmente sólido y flexible para todos los niveles organizacionales, desde los niveles operativos hasta la cúpula gerencial.

Hace poco salió a la venta su tercer libro “La organización emocional”, y leyendo distintas entradas de su blog, me encontré con esta del 2014 que refleja el espíritu de este humilde sitio.

Confieso que existen pocas cosas más frustrantes para un consultor que le pregunten por sus casos de éxito. La presunción detrás de esa típica pregunta es clara: si usted puede mostrarme que esto que me propone tuvo buenos resultados en otras organizaciones, entonces usted vale lo que pesa, si no es así siga participando. Pero, no se supone acaso que un consultor es alguien que tiene la capacidad de observar un problema, analizarlo, realizar un diagnóstico, idear una solución y llevarla a cabo? Claro, eso, por sí mismo, no garantiza que el resultado será el esperado, pero si el consultor es ético y experimentado, tiene las mismas posibilidades de éxito que un abogado, un médico o un ingeniero al realizar su trabajo. Yo llamo a esa presunción típica “el paradigma de la imitación”, una corriente del management que basa sus teorías, modelos, consejos, pasos a seguir, lecciones y mejores prácticas, en lo que hacen las organizaciones exitosas.

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Lo que me enseñó mi hija en el pelotero

Unas semanas atrás, fuimos con mi mujer, mi suegra y mi hija a cenar a un restaurante que tenía una plaza de juegos.

Ésta plaza consta de una rampa por la cual se puede subir a una plataforma a más de dos metros de altura en la cual hay un pequeño laberinto con unas bolsas de arena colgando haciendo las veces de obstáculos y un pelotero. Hacia el otro lado de la plataforma había un puente colgante, por el cual podías acceder un hueco donde podías subir o bajar en varios niveles.

El lugar estaba lleno de niños de todas las edades, y mi hija cuando los vio corriendo,  jugando y gritando se mandó con ellos. Ella, por su altura parece una nena de 4 años pero tiene tan sólo 2 añitos, así que yo estaba con el corazón en la boca, no tanto por temor a que se cayera, si no a que la golpearan los otros niños y la lastimaran.

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